Rusia intenta atraer inversión extranjera para llegar a unos niveles de crecimiento similares a los de las grandes potencias. Para conseguir este objetivo Rusia necesita diversificar su economía en otro sector que no sea el energético, con una población que solo supone el diez por cientos de los habitantes chinos o indios, necesita de la introducción de capital extranjero para aumentar su crecimiento.
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, expresó en una entrevista reciente la necesidad de llevar a cabo un cambio en la economía que permita llegar a los mismos niveles de sus más cercanos competidores. Haciéndose eco de las críticas de la empresa sueca Ikea, el presidente ruso reconoció que desgraciadamente la corrupción ha penetrado en todos los sectores del país, un aspecto que se debe mejorar a corto plazo.
La mayor empresa de venta de muebles y objetos del hogar del mundo lleva invertidos en Rusia cerca de 3.000 millones de euros en los últimos diez años. Desde 2009 Ikea ha congelado su inversión en el país y detenido su crecimiento. De hecho Ikea ha emitido un comunicado en el que alega que no construirá más tiendas fuera de la capital rusa hasta que los funcionarios locales no demoren la concesión de permisos a la espera de recibir sobornos.
El delegado de la marca sueca en Rusia ha dicho que Ikea no se someterá a la corrupción rusa y hasta que los procesos de concesión de permisos no se normalicen no invertirán nuevo capital en la expansión de sus tiendas.








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